2011: AÑO CENTENARIO DEL NACIMIENTO DE J.M. ARGUEDAS
COLOMBIA
MENSAJE DE TIMOLEÓN JIMÉNEZ,
COMANDANTE DEL ESTADO MAYOR DE LAS FARC-EP

EL TIPO DE MUERTE QUE CADA UNO ELIGE Y TIENE
"Todos tenemos que morirnos, Santos, todos. De eso no va a escaparse nadie. Unos de un modo y otros de otro. Unos por una causa y otros por otra. Algunos escogen una muerte heroica, gloriosa, profundamente conmovedora. Otros prefieren morirse de viejos, de un infarto o diabetes, tras una larga enfermedad en una cama o endrogados en medio de un burdel.
Es como la vida, unos prefieren pasarla haciendo dinero y
engordando como cerdos, o practicándose cirugías para conservarse jóvenes,
pisoteando a los demás y dándose ínfulas.
Otros escogen caminos más nobles. Y son muy felices así. Es
un asunto de conciencia.
Pretender intimidarlos para que acepten vivir como los
primeros es un error.
Y todavía más grave es matarlos. Pretender exhibirse como modelo de civilización
y decencia dando la orden de despedazarlos a punta de bombas, plomo y metralla.
O como sea. Por ejemplo, de dos balazos por la espalda cuando se llega en la
noche a casa. O molidos a golpes en una celda. O desmembrados con una motosierra.
O con la cabeza mochada a machete.
Al expresar el dolor que la torturaba por la muerte de su Jefe, decía una
guerrillera que hombres como él quedarán para la posteridad y el pueblo los
recordará como lo que fueron, inmortales. Otro enviaba una nota a sus mandos
diciendo, aquí estamos para ayudar en todas las tareas que ustedes nos orienten.
Les brindamos nuestra solidaridad en este momento.
Yo no sé. Pero eso de ostentar poder y mostrarse amenazante y brutal, no puede
ganar las simpatías de nadie. De nadie que no sea ostentoso y brutal como el que
lo hace. La historia nos enseña que a la inmensa mayoría de seres humanos les
repugna ese tipo de fanfarronadas. De niños aprendemos que sólo los ogros más
malvados suelen actuar de ese modo.
Y con el tiempo aprendemos a asociar esas conductas a los seres más perversos.
Matar salvajemente a un ser humano, con métodos notoriamente desproporcionados,
para pararse sobre su cadáver y señalar a otros que les tiene reservado el mismo
tratamiento, tiene la virtud de producir un efecto contrario. Ningún hombre se
dejará humillar de ese modo.
Homero fue un maestro en desentrañar el alma. Tras dialogar con Príamo, Aquiles
comprende la dimensión de los troyanos y la bajeza de la causa griega. Asume lo
miserable de haber paseado el cadáver de Héctor, atado a su carro, frente a sus
seres queridos y su pueblo. Por eso decide inmolarse en la refriega, para no
aparecer como vencedor con ese ejército.
Son los gestos de grandeza moral los que hacen imperecederos a los hombres. Sólo
las mentes más enfermas y enajenadas pueden sentir alguna simpatía por Adolfo
Hitler. Aunque en su momento muchos lo hubieran aplaudido. El tiempo terminó por
ubicarlo en el infame lugar que le correspondía. Creo que a los Santos y
Pinzones les reserva una suerte similar el destino.
No puede ser de otro modo. El grado de ruindad moral que exhiben horroriza al
más sano de los juicios. Muy poca gente conoce en el reinado de cuál emperador
romano fue crucificado Jesús. Pero creo que por encima de las propias creencias,
en todas partes se profesa el más elevado respeto por él. Porque prefirió el
suplicio y la cruz antes que renunciar a sus ideas.
Y porque esas ideas abrigaban un altísimo grado de humanidad. Eran buenas,
buscaban la felicidad general, ensalzaban a los pobres e incluso fustigaban a
los ricos, proclamaban que todos los hombres eran iguales. Sólo proponía a
hombres y mujeres que lo abandonaran todo y lo siguieran en la propagación de
esa fe, de esa verdad, decía.
Pero lo coronaron de espinas, lo abofetearon, lo crucificaron y lancearon. Se
burlaron de él. Habían preferido liberar en su lugar al peor de los criminales.
Sin embargo fue ese Cristo el que los sobrevivió a todos. Pese a que hubieran
perseguido por siglos a sus seguidores. De nada sirvió arrojarlos a los leones
ante la aclamación general de la plebe en el circo.
Esta gente lleva medio siglo en esto, Santos. Algunos, de cabeza blanca, cuentan
historias de sus días en Marquetalia. Otros hablan de los años en el Guayabero,
de los primeros diálogos cuando Belisario. Hasta afirman que si entonces el
gobierno hubiera pensado mejor, las cosas en el país hubieran sido muy distintas.
La soberbia ha podido más que la razón.
Muchos cuentan experiencias de la guerra integral de Gaviria y su creación de
las brigadas móviles. Y muchísimos más vivieron aquí lo del Caguán. Una enorme
masa llegó después a estas filas. En ese devenir, seguramente, se han presentado
múltiples deserciones y traiciones. Pero no ha sido lo determinante. Son más y
más los revolucionarios y cuadros convencidos.
Esta gente ha construido una epopeya sin antecedentes en ningún lugar ni época
histórica. No hubiera sido posible sin el más extraordinario altruismo. Ni
siquiera las fuerzas especiales del Ejército pudieron operar en el terrible
invierno de esas abruptas cordilleras guerrilleras. Pero allá mismo viven ellos,
aman, sueñan un mundo mejor y luchan por conseguirlo.
Primero, entre groseros chistes, exhibieron el cuerpo despedazado de Raúl Reyes.
Después recogieron exultantes la mano arrancada a Iván Ríos. Rugieron orgullosos
más tarde cuando con toneladas de bombas quitaron la vida al Mono. Ahora,
llorando de felicidad, dan el parte ensangrentado sobre Alfonso. Macabro rostro
el de esa bella democracia.
La cabeza de José Antonio Galán, así como cada una de sus extremidades,
exhibidas a manera de escarmiento para evitar otro alzamiento comunero, no
lograron impedir la gesta por la independencia. Ni su triunfo. El pueblo empeñó
en ello miles de muertos y heridos, gran ruina y enormes sufrimientos. Hubiera
sido mejor de otra manera, pero la Corona no quiso.
Las FARC son miles y miles de revolucionarios que soportan las más duras
condiciones porque creen firmemente en su causa. No ganan un solo centavo, no
poseen nada material, el movimiento les da lo que necesitan. Y el movimiento son
todos ellos. Son una impresionante creación histórica, aquí, en Colombia, ante
nuestros ojos. Así no es Santos, así no es.
Timoleón Jiménez Comandante del Estado Mayor Central FARC-EP
Noviembre 2011