CÉSAR ABRAHAM VALLEJO MENDOZA
EL 15 DE ABRIL DE 1938 MUERE " EL POETA "

¡Ah! Desgraciadamente, hombres humanos,
hay hermanos muchísimo que hacer.
De " LOS NUEVE MONSTRUOS " en  POEMAS HUMANOS
(Difundido por el Chasqui de A.L. -Abril de 1999)
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César Vallejo (1892- 1938)

BIOGRAFÍA
César Abraham Vallejo Mendoza nació el 16 de marzo de 1892 en la ciudad andina de Santiago de Chuco del norte del Perú . Por extraña coincidencia sus abuelas habian provenido de la cultura Chimú y sus abuelos habian sido curas españoles. Vallejo fué el menor de once hermanos y creció en medio de una gran devoción cristiana la cual provocó el deseo de su famila para que él se fuera cura . A pesar de ello, él completó su escuela secundaria en la ciudad de Huamachuco en 1908 y obtuvo su bachillerato de letras en la universidad de Trujillo en 1916. En 1918 publica su primer libro de poemas: Los heraldos negros. En 1920 es acusado injustamente y encarcelado durante 112 días. En 1922, Vallejo escribió otro libro títulado "Trilce"; un año después, publica algunas prosas y vivió enseñando en Lima hasta su destitución en 1923. Fué en ese entonces que él decidió partir a Francia y viaja a París. Sus primeros años en Francia no fueron muy felices. En 1923 y 1924, Vallejo vivió entre la miseria llegando a padecer de hambre. Felizmente, él pudo encontrar su primer trabajo estable el siguiente año con una nueva agencia de prensa llamada "Les Grands Journaux Ibéro-Américains" contribuyendo con sus artículos a los semanales "Mundial" y "Variedades". En ese mismo año Vallejo obtuvo una beca menor en la universidad de Madrid en España donde continuó brevemente sus estudios de leyes que fueron una vez interrumpidos. A su regreso de España en 1926, Vallejo se alojó en el Hotél Richelieu de París. En 1928 viaja a la Unión Soviética y a su regreso a París rompe con el APRA. En 1929 regresa a la Unión Soviética y un año después viaja a España. Regresa a París pero es expulsado por razones políticas; se translada entonces a España de nuevo. Vallejo conoció a una joven llamada Georgette con la que casó en enero de 1929. En 1931 publica su novela Tugsteno. Viaja de nuevo a la Unión Soviética y se inscribe en el Partido Comunista de España. En 1932 regresa a París y vive en la ilegalidad. En 1937 asiste al Congreso de Escritores Antifascistas en Madrid.
Sus últimos tres libros se realizaron durante su permanencia en Europa. El primero de ellos títulado "Nómina de Huesos"contiene 41 poémas y prosas los cuales fueron escritos durante los años 1923 y 1936. Durante los años siguientes Vallejo escribió un libro de 51 poemas títulado "Sermón de la Barbarie" para finalizar en 1938 con su famoso libro de 15 poemas títulado "España aparta de mí esta Cáliz". Murió en Paris el 15 de abril, un día del cual tenía ya el recuerdo, en 1938. En 1939 se editan, de manera póstuma, los " Poemas humanos ".

El Proceso de la Literatura

Por José Carlos Mariátegui : 7 Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana
1996, Empresa Editora Amauta S.A., Lima, Perú.

César Vallejo

El primer libro de César Vallejo, Los Heraldos Negros, es el orto de una nueva poesía en el Perú. No exagera, por fraterna exaltación, Antenor Orrego, cuando afirma que "a partir de este sembrador se inicia una nueva época de la libertad, de la autonomía poética, de la vernácula articulación verbal"33.
Vallejo es el poeta de una estirpe, de una raza. En Vallejo se encuentra, por primera vez en nuestra literatura, sentimiento indígena virginalmente expresado. Melgar -signo larvado, frustrado- en sus yaravíes es aún un prisionero de la técnica clásica, un gregario de la retórica española. Vallejo, en cambio, logra en su poesía un estilo nuevo. El sentimiento indígena tiene en sus versos una modulación propia. Su canto es íntegramente suyo. Al poeta no le basta traer un mensaje nuevo. Necesita traer una técnica y un lenguaje nuevos también. Su arte no tolera el equívoco y artificial dualismo de la esencia y la forma. "La derogación del viejo andamiaje retórico -remarca certeramente Orrego- no era un capricho o arbitrariedad del poeta, era una necesidad vital. Cuando se comienza a comprender la obra de Vallejo, se comienza a comprender también la necesidad de una técnica renovada y distinta"34. El sentimiento indígena es en Melgar algo que se vislumbra sólo en el fondo de sus versos; en Vallejo es algo que se ve aflorar plenamente al verso mismo cambiando su estructura. En Melgar no es sino el acento; en Vallejo es el verbo. En Melgar, en fin, no es sino queja erótica; en Vallejo es empresa metafísica. Vallejo es un creador absoluto. Los Heraldos Negros podía haber sido su obra única. No por eso Vallejo habría dejado de inaugurar en el proceso de nuestra literatura una nueva época. En estos versos del pórtico de Los Heraldos Negros principia acaso la poesía peruana (Peruana, en el sentido de indígena).

Hay golpes en la vida, tan fuertes Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma Yo no sé!
Son pocos; pero son ... Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.
Son las caídas hondas de los Cristos del alma,
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.
Y el hombre...Pobre ...pobre!Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.
Hay golpes en la vida, tan fuertes ...Yo no sé!

Clasificado dentro de la literatura mundial, este libro, Los Heraldos Negros, pertenece parcialmente, por su título verbigracia, al ciclo simbolista. Pero el simbolismo es de todos los tiempos. El simbolismo, de otro lado, se presta mejor que ningún otro estilo a la interpretación del espíritu indígena. El indio, por animista y por bucólico, tiende a expresarse en símbolos e imágenes antropomórficas o campesinas. Vallejo además no es sino en parte simbolista.Se encuentra en su poesía -sobre todo de la primera manera- elementos de simbolismo, tal como se encuentra elementos de expresionismo, de dadaísmo y de suprarrealismo. El valor sustantivo de Vallejo es el de creador. Su técnica está en continua elaboración. El procedimiento, en su arte, corresponde a un estado de ánimo. Cuando Vallejo en sus comienzos toma en préstamo, por ejemplo, su método a Herrera y Reissig, lo adapta a su personal lirismo.

Mas lo fundamental, lo característico en su arte es la nota india. Hay en Vallejo un americanismo genuino y esencial; no un americanismo descriptivo o localista. Vallejo no recurre al folclore. La palabra quechua, el giro vernáculo no se injertan artificiosamente en su lenguaje; son en él producto espontáneo, célula propia, elemento orgánico. Se podría decir que Vallejo no elige sus vocablos. Su autoctonismo no es deliberado. Vallejo no se hunde en la tradición, no se interna en la historia, para extraer de su oscuro substratum perdidas emociones. Su poesía y su lenguaje emanan de su carne y su ánima. Su mensaje está en él. El sentimiento indígena obra en su arte quizá sin que él lo sepa ni lo quiera.

Uno de los rasgos más netos y claros del indigenismo de Vallejo me parece su frecuente actitud de nostalgia. Valcárcel, a quien debemos tal vez la más cabal interpretación del alma autóctona, dice que la tristeza del indio no es sino nostalgia. Y bien, Vallejo es acendradamente nostálgico. Tiene la ternura de la evocación. Pero la evocación en Vallejo es siempre subjetiva. No se debe confundir su nostalgia concebida con tanta pureza lírica con la nostalgia literaria de los pasadistas. Vallejo es nostalgioso, pero no meramente retrospectivo. No añora el Imperio como el pasadismo perricholesco añora el Virreinato. Su nostalgia es una protesta sentimental o una protesta metafísica. Nostalgia de exilio; nostalgia de ausencia.

Qué estará haciendo esta hora mi andina y dulce Rita
de junco y capulí;
ahora que me asfixia Bizancio y que dormita
la sangre como flojo cognac dentro de mí.
("Idilio Muerto", Los Heraldos Negros)

Hermano, hoy estoy en el poyo de la casa,
donde nos haces una falta sin fondo!
Me acuerdo que jugábamos esta hora, y que mamá
nos acariciaba: "Pero hijos..."
("A mi hermano Miguel", Los Heraldos Negros)

He almorzado solo ahora, y no he tenido
madre, ni súplica, ni sírvete, ni agua,
ni padre que en el facundo ofertorio
de los choclos, pregunte para su tardanza
de imagen, por los broches mayores del sonido.
(XXVIII, Trilce)

Se acabó el extraño, con quien, tarde
la noche, regresabas parla y parla.
Ya no habrá quien me aguarde,
dispuesto mi lugar, bueno lo malo.
Se acabó la calurosa tarde;
tu gran bahía y tu clamor; la charla
con tu madre acabada
que nos brindaba un té lleno de tarde.
(XXXIV, Trilce)

Otras veces Vallejo presiente o predice la nostalgia que vendrá:

Ausente! La mañana en que a la playa
del mar de sombra y del callado imperio,
como un pájaro lúgubre me vaya,
será el blanco panteón tu cautiverio.
("Ausente", Los Heraldos Negros)

Verano, ya me voy. Y me dan pena
las manitas sumisas de tus tardes.
Llegas devotamente; llegas viejo;
y ya no encontrarás en mi alma a nadie.
("Verano", Los Heraldos Negros)

Vallejo interpreta a la raza en un instante en que todas sus nostalgias, punzadas por un dolor de tres siglos, se exacerban. Pero -y en esto se identifica también un rasgo del alma india-, sus recuerdos están llenos de esa dulzura de maíz tierno que Vallejo gusta melancólicamente cuando nos habla del "facundo ofertorio de los choclos". Vallejo tiene en su poesía el pesimismo del indio. Su hesitación, su pregunta, su inquietud, se resuelven escépticamente en un "¡para qué!" En este pesimismo se encuentra siempre un fondo de piedad humana. No hay en él nada de satánico ni de morboso. Es el pesimismo de un ánima que sufre y expía "la pena de los hombres" como dice Pierre Hamp. Carece este pesimismo de todo origen literario. No traduce una romántica desesperanza de adolescente turbado por la voz de Leopardi o de Schopenhauer. Resume la experiencia filosófica, condensa la actitud espiritual de una raza, de un pueblo. No se le busque parentesco ni afinidad con el nihilismo o el escepticismo intelectualista de Occidente. El pesimismo de Vallejo, como el pesimismo del indio, no es un concepto sino un sentimiento. Tiene una vaga trama de fatalismo oriental que lo aproxima, más bien, al pesimismo cristiano y místico de los eslavos. Pero no se confunde nunca con esa neurastenia angustiada que conduce al suicidio a los lunáticos personajes de Andreiev y Arzibachev. Se podría decir que así como no es un concepto, tampoco es una neurosis.


En el lecho de su muerte en París

Este pesimismo se presenta lleno de ternura y caridad. Y es que no lo engendra un egocentrismo, un narcisismo, desencantados y exasperados, como en casi todos los casos del ciclo romántico. Vallejo siente todo el dolor humano. Su pena no es personal. Su alma "está triste hasta la muerte" de la tristeza de todos los hombres. Y de la tristeza de Dios. Porque para el poeta no sólo existe la pena de los hombres. En estos versos nos habla de la pena de Dios:

Siento a Dios que camina tan en mí,
con la tarde y con el mar.
Con él nos vamos juntos. Anochece.
Con él anochecemos, Orfandad...

Pero yo siento a Dios. Y hasta parece
que él me dicta no sé qué buen color.
Como un hospitalario, es bueno y triste;
mustia un dulce desdén de enamorado:
debe dolerle mucho el corazón.

Oh, Dios mío, recién a ti me llego,
hoy que amo tanto en esta tarde; hoy
que en la falsa balanza de unos senos,
mido y lloro una frágil Creación.

Y tú, cuál llorarás tú, enamorado
de tanto enorme seno girador
Yo te consagro Dios, porque amas tanto;
porque jamás sonríes; porque siempre
debe dolerte mucho el corazón.

Otros versos de Vallejo niegan esta intuición de la divinidad. En "Los Dados Eternos" el poeta se dirige a Dios con amargura rencorosa. "Tú que estuviste siempre bien, no sientes nada de tu creación". Pero el verdadero sentimiento del poeta, hecho siempre de piedad y de amor, no es éste. Cuando su lirismo, exento de toda coerción racionalista, fluye libre y generosamente, se expresa en versos como éstos, los primeros que hace diez años me revelaron el genio de Vallejo:

El suertero que grita "La de a mil",
contiene no sé qué fondo de Dios.
Pasan todos los labios. El hastío
despunta en una arruga su yanó.
Pasa el suertero que atesora, acaso
nominal, como Dios,
entre panes tantálicos, humana
impotencia de amor.

Yo le miro al andrajo. Y él pudiera
darnos el corazón;
pero la suerte aquella que en sus manos
aporta, pregonando en alta voz,
como un pájaro cruel, irá a parar
adonde no lo sabe ni lo quiere
este bohemio Dios.
a cuestas bajo el sol:
¡por qué se habrá vestido de suertero
la voluntad de Dios!

"El poeta -escribe Orrego- habla individualmente, particulariza el lenguaje, pero piensa, siente y ama universalmente". Este gran lírico, este gran subjetivo, se comporta como un intérprete del universo, de la humanidad. Nada recuerda en su poesía la queja egolátrica y narcisista del romanticismo. El romanticismo del siglo XIX fue esencialmente individualista; el romanticismo del novecientos es, en cambio, espontánea y lógicamente socialista, unanimista. Vallejo, desde este punto de vista, no sólo pertenece a su raza, pertenece también a su siglo, a su evo35.
Es tanta su piedad humana que a veces se siente responsable de una parte del dolor de los hombres. Y entonces se acusa a SI mismo. Lo asalta el temor, la congoja de estar también él, robando a los demás:
La poesía de Los Heraldos Negros es así siempre. El alma de Vallejo se da entera al sufrimiento de los pobres.

Arriero, vas fabulosamente vidriado de sudor.
La Hacienda Menocucho
cobra mil sinsabores diarios por la vida.

Este arte señala el nacimiento de una nueva sensibilidad. Es un arte nuevo, un arte rebelde, que rompe con la tradición cortesana de una literatura de bufones y lacayos. Este lenguaje es el de un poeta y un hombre. El gran poeta de Los Heraldos Negros y de Trilce -ese gran poeta que ha pasado ignorado y desconocido por las calles de Lima tan propicias y rendidas a los laureles de los juglares de feria- se presenta, en su arte, como un precursor del nuevo espíritu, de la nueva conciencia.

Vallejo, en su poesía, es siempre un alma ávida de infinito, sedienta de verdad. La creación en él es, al mismo tiempo, inefablemente dolorosa y exultante. Este artista no aspira sino a expresarse pura e inocentemente. Se despoja, por eso, de todo ornamento retórico, se desviste de toda vanidad literaria. Llega a la más austera, a la más humilde, a la más orgullosa sencillez en la forma. Es un místico de la pobreza que se descalza para que sus pies conozcan desnudos la dureza y la crueldad de su camino. He aquí lo que escribe a Antenor Orrego después de haber publicado Trilce: "El libro ha nacido en el mayor vacío. Soy responsable de él. Asumo toda la responsabilidad de su estética. Hoy, y más que nunca quizás, siento gravitar sobre mí, una hasta ahora desconocida obligación sacratísima, de hombre y de artista: ¡la de ser libre! Si no he de ser hoy libre, no lo seré jamás. Siento que gana el arco de mi frente su más imperativa fuerza de heroicidad. Me doy en la forma más libre que puedo y ésta es mi mayor cosecha artística. ¡Dios sabe hasta dónde es cierta y verdadera mi libertad! ¡Dios sabe cuánto he sufrido para que el ritmo no traspasara esa libertad y cayera en libertinaje! ¡Dios sabe hasta qué bordes espeluznantes me he asomado, colmado de miedo, temeroso de que todo se vaya a morir a fondo paraque mi pobre ánima viva!" Este es inconfundiblemente el acento de un verdadero creador, de un auténtico artista. La confesión de su sufrimiento es la mejor prueba de su grandeza.

POESÍA DE CÉSAR VALLEJO EN QUECHUA

" LOS HERALDOS NEGROS " ---"YANA CHASKIKUNA"
(1918)

 

Hay golpes en la vida, tan fuertes… Yo no sé
Golpes como del odio de Dios; como si ante
ellos, la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma… Yo no sé

Son pocos; pero son… Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán talvez los potros de bárbaros atilas,
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma,
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

Y el hombre… Pobre… pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes… Yo no sé!

 

Kanmi llaki kay pacha kawsaypi
ancha llaki… Manan yachayta atipanichu!
Hanaq Apuq cheqniyñinmanta hina;
paykunaq qayllanpi,
tukuy muchusqanchis q’atan
yuyaypi qochachakunman hina…
Manan yachayta atipanichu!

Kankun; pisin kankupas… Ima phiña uyatapas ima seq’a wasatapas q’ellachankun.
Icha awqa wamink’akunaq salqa uywanchus;
icha Wañuypa yana kamachinkunachus,
Wañuypa yana chaskinkunachus.

Munasqa Hanaq Apukunaq ukhu urmasqanmi,
kuyasqa iñiy kay pachapi sarunchasqa,
Yawar phallchaq llaki,
mayqen q’oncha punkupi ruphaq
t’antanchispa t’oqyayñinmi kanki.

Runari… Wakcha… ancha wakcha!
Ñawinta kutirin,
rikranchispa hawanmanta t’aqllasqa hina;
waq’a ñawinta kutirin, tukuy kawsasqataq
hucha p’uytu hina qhawayñinpi qhepan.

Kanmi llaki kay pacha kawsaypi,
ancha llaki… Manan yachayta atipanichu!

"Los heraldos negros",
César Vallejo, Lima, 1918.
Traducción al Runasimi (Qosqo - Qollao):
Efraín.Chevarría.Huarcaya,Cusco,1962.

 

VALLEJO, EL EJEMPLO A SEGUIR

Por Claude Couffon

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Claude Couffon

¡VALLEJO ! Tengo la impresión que para todos los poetas peruanos y latinoaméricanos que viven en Francia, es aún el modelo, el ejemplo a seguir. Después de más de sesenta años de su muerte en París, todavía buscamos sus huellas y vamos en paseo nostálgico y solitario a su tumba en el cementerio de Montparnasse. La poesía ha evolucionado, la inquietud social y política ha cedido su lugar a la búsqueda verbal alrededor de un yo más o menos narcisista o a una investigación lingüística experimental voluntariamente deshumanizada, que será tal vez lo característico de la lirica del siglo XXI. En una palabra , interpretamos Lezama Lima contra Nicolás Guillén, Octavio Paz contra Neruda, Góngora contra Machado y Rafael Alberti. Sin embargo, la imagen de Vallejo descarnado y pensativo apoyando un mentón voluntario sobre su puño cerrado, en el parque de Luxemburgo , para concebir algún poema a veces hermético pero siempre " humano " queda grabado en todas las memorias, y continuan en América y en España a leer y a comentar su obra con pasión.

Desde luego, la sombra densa de ese gigante habrá alguna vez dificultado la expansión de jovenes talentos que habrían querido derribarlo. En los años 70, en París, Carlos Henderson lo confesaba en un poema : " Pretensión la mía/ arreglar cuentas contigo Vallejo. Y como todos –los del " 60 "- dije hay que matar a Vallejo ". Pero el poeta añadia en seguida : " ¿para decir las mismas cosas ? "

No, nadie podrá jamás decir las mismas cosas como las decia Vallejo. La memoria poética universal conserva y conservara esos versos inimitables en los cuales Vallejo expresa la soledad de una infancia y una adolescencia perdidas en un alto pueblo de los Andes , la angustia existencial de una inteligencia adulta ante los misterios humanos, la rectitud intransigente de un corazón abrazando las grandes causas humanitarias y denunciando con lucidez el horror de los fanátismos y de todas las violaciones de cuerpos y de conciencias.

Vallejo, no desagrada a nadie : es el ejemplo a seguir, sobre los nuevos caminos que se abren delante de nosotros.

PARA TRASPASAR SU PROPIA FRENTE
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Saúl Yurkievich

Por SAÚL YURKIEVICH

Lo que más me fascina en Vallejo es la potencia psíquica puesta en juego por su poesía, su pluralidad e intensidad psicológicas. Me cautiva su representación tan fiel como fragorosa del terremoto mental. En efecto, esta poesía del temblor (o del tembladeral) resulta el más sensible sísmografo de la subjetividad atribulada. Completamente librado a sí mismo, ensimismado , Vallejo consigue aguzar la introspección a la par que concibe la más apta panoplia de recursos para simbolizar su férvido fuero íntimo. Captación en vivo y en vilo (pero no egocéntrico) coincide aquí con una instrumentación retórica versátil capa de transcribir la volubilidad y la obsesiva fijeza del revolvedero entrañable, capaz de comunicar la agitación de una conciencia hiperactiva y en contradictorio flujo. Con sus concertaciones y desconciertos verbales, Vallejo figura fidedignamente el conflicto de sus " cuatro humanidades justas juntas " pugnando en su persona, la embrolladora plétora de sus " cuatro conciencias simultáneas ". Y de simultaneidad aquí se trata, porque ella aporta la base perceptiva y operativa de su poesía, se trata de contrastes simultáneos ( los que Guillaume Apollinaire toma de la pintura cubista de Robert Delaunay ) ; ellos constituyen la matriz de la nueva visión del mundo y el módulo formal que todas las artes de vanguardia adoptan como principio organizador de sus representaciones. En 1922, desde la lejana Lima Vallejo logra ser uno de los escritores más modernos de la lengua española. Su TRILCE resulta equiparable en complejidad e innovación a otros dos textos portentosos, publicados en ses mismo pródigo año : La tierra baldía de T.S. Eliot y Ulises de James Joyce.

HOMENAJE A VALLEJO
PALABRAS DE POETAS DE AMÉRICA LATINA

¿Para Uds. qué significa Vallejo y qué piensan de su escriura ?

DE ARGENTINA

LUISA FUTORANSKY

Mi generación sintió una profunda admiración por Vallejo. Yo lo descubrí joven, tenía veinte años. Fue TRILCE, LOS POEMAS HUMANOS. Era un desafio para ese entonces, era un desafio a nuestras vidas más que otra cosa, era aprender una realidad. Esa generación que miraba a Europa no la había siquiera intuído. Los libros que yo más recuerdo son como dije antes TRILCE, LOS POEMAS HUMANOS y hasta el día de hoy los puedo recordar cuando con profunda emoción :

" Fue domingo en las claras orejas de mi burro,
de mi burro peruano en el Perú, (Perdonen la tristeza) "

Vallejo ha aportado mucho a la poesía, al idioma, como no estarle más que agradecida. Para mí es uno de los más grandes poetas, al menos de este siglo.

DE CHILE


LUIS DEL RIO DONOSO

César Vallejo : Palpitación sin tiempo
" Cuando alguien se va, alguien queda "

(César Vallejo)

Cada persona posee una forma diferente de expresar sus sentimientos. Lo importante no es tanto la forma sino el fondo del mensaje. Heidegger decía " que el lenguaje es la habitación del SER. Lo que significa que nuestro idioma no es el instrumento trivial, vacío, convencional o tradicional, del cual nos servimos todos los días, sino que, es la llave maestra de la capacidad creadora del hombre.
En ésta dimensión del lenguaje César Vallejo es la palpitación sin tiempo. Su concepción del Ser y de la vida no han perdido vitalidad, como miles de discursos sin alma al que estamos acostumbrados a leer o escuchar en nuestro continente. Al contrario, su poesía es Memoria. Desafío constante a una cultura elitista, colonizadora e impuesta. El poeta activa el saber de lo esencial : explicar lo inexplicable. Porque toda existencia, vivida con profundidad, es y sera POESIA. César Vallejo lo comprendió antes que otros : el rol del poeta es de construir los caminos del alma por donde pasará el hombre verdaderamente libre. Y al pasar : siempre algo o alguien queda grabado en la huella sin tiempo.

DE ECUADOR


PEDRO GUILLERMO BALDA

" V " de VALLEJO. " V " de " ver " y no simplemente " mirar ". Lucidez que quema y duele por dentro como en aquel verso de Char : " La lucidez es la herida más cercana al sol ". " V " como " voz " que dice…lo que no se puede decir. " V " de verde como la portada del primer libro que tuve de él. No existen " poemas ", solamente un POEMA universal en constante elaboración : todos somos un poco VALLEJO.

DE PARAGUAY
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RUBÉN BAREIRO SAGUIER

César Vallejo significa para mí, en tanto escritor, como poeta y como crítico literario, la voz más alta de este siglo en la poesía latinoamericana. Considero que la dimensión inmensa de su palabra renovadora, gran revolucionario de la escritura poética en lengua española, se debe en gran medida a sus raíces andinas. Aunque no hablase el quechua, son sus orígenes los que le han permitido agregar ese componente profundo del aliento de sus antepasados. Por ello le tengo una profunda admiración, la de ser representante de "nuestra América", tierra de la que emana el ámbito de las culturas prehispánicas, que se funden con el hálito del castellano -crisol de lenguas-, para concretar una obra poética ejemplar en la producción literaria de nuestro tiempo.

DE COLOMBIA


JORGE TORRES

Podríamos ubicar a Vallejo en varios contextos. En el primer contexto lo podemos ubicar en el territorio humano, en el territorio viviente como imaginándomelo frente a mí, terrible desgarramiento, de este dolor con su profunda sensibilidad con el mundo contemporáneo que vivió, ya que en alguna medida contribuyó con esta época. En se sentido pues lo siento humano, lo siento vivo, lo siento cómplice, lo siento participe, es decir me adhiero a su pensamiento y a sus conceptos frente a la vida.

Desde el punto de vista poético lo puedo considerar realmente como un hombre que revolucionó el lenguaje, que establece ruptura con la poesía parnasianista, con el parnasianismo español, que crea un lenguaje que permite realmente identificarlo como un gran poeta del siglo XX, con una poesía donde ahonda el profundo dolor humano y donde se expresa la sensibilidad a través de la palabra permanente y renovadora.

Es uno de los poetas más importantes del siglo XX. Particularmente para mí ha sido prácticamente uno de mis poetas de cabecera desde " Los Heraldos Negros " hasta " España, aparta de mí este cáliz " pasando desde luego por " Trilce " , que es uno de los libros más controvertidos de él. Considero que es un hombre que ha enseñado el manejo de la palabra y la profundidad del pensamiento, yo creo que es lo máximo que puedo decir. No quiero particularizar sobre la estructura de su poética porque eso daría para decir mucho más y al respecto existen libros e investigaciones. Pero para mí es el más importante poeta de América Latina del siglo XX.

DE PERÚ


Julio Heredia

Vallejo es desde ya un paradigma y se ha convertido, para el Perú, en emblema. Ese paradigma se relaciona en primerísimo término con lo peruano, para luego proyectarse con seguridad al continente latinoamericano y abarcar, finalmente, el ámbito todo de la lengua española. ¿Por qué? Porque expresa dolorosamente la quiebra de dos razas y de dos culturas y porque su mensaje simultáneo se identifica con la síntesis armoniosa: el mestizaje. Ante esto, hay que concluir que el objeto y sujeto vallejianos son el hombre y el humanismo. Esa constatación afirma, pues, que es un poeta universal, como ya se ha dicho tantas veces. Pues su lengua se desborda ante la impotencia de los límites.
En nuestros días, asistimos al vigor -en apariencia irrefrenable- de lo que se ha dado en llamar la globalización y, en paralelo, al resurgimiento de terribles guerras étnicas y culturales: Vallejo planea en medio de esto como grito patente, actual, de la miseria humana y de su posibilidad de grandeza. Pero Vallejo es grande no sólo por el altruismo de sus sentimientos y por sus capacidades visionarias, sino porque traduce estos dones en arte deslumbrante: les inventa un lenguaje, una sintaxis, una cadencia, una rítmica. Un misterio. Por todo ello será siempre actual como los otros gigantes del arte que la humanidad ha dado.


César Vallejo visto por Picasso

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